Campesinado

Paradójicamente los cultivos se comen a un pueblo. El etnocidio encubierto de la mano de una balanza comercial favorable.
Sin monte no hay comida. Comprar, desmontar y envenenar las tierras de indígenas y campesinos como punta de lanza para su pronta expulsión y desplazamiento a las grandes ciudades, donde solo les espera mendigar para sobrevivir la miseria.
La tierra, bañada en glifosato, llora sangre guaraní.
Los reclamos son claros. La reforma agraria es inminente y necesaria para terminar con los latifundios y despertar la soberanía alimentaria de un pueblo, que no precisa el crecimiento económico de un modelo productivo de exclusión, sino el desarrollo sustentable, una democracia participativa y su autodeterminación.