Entre Arcilla y Bronce

El resquebrajado camino a la visibilidad

Naciones de arcilla por un lado y naciones de bronce por el otro. En la patria grande latinoamericana, en nuestra Abya Yala, laten vigorosamente sus pueblos originarios, ancestrales y preexistentes a cualquiera de sus estados. Estados que en nombre del progreso y del capital los masacraron hasta situarlos paulatinamente en la invisibilidad y la otredad, como extranjeros en la madre tierra que los vio nacer y los alimentó de sabiduría universal.
Pero ese conocimiento ancestral resiste en los cuerpos y en las mentes de la plurinacionalidad que somos, mixturándose con la cultura occidental impuesta primero por la fuerza y actualmente por medios más sutiles pero tan efectivos como dominantes. La resistencia del saber terrenal queda plasmada en el pinkullo de un pastor que sopla melodías del viento, en la calidez de la cerámica diaguita, en los colores de la wiphala, en la trama del telar mapuche, en las hojas de coca cuidadosamente seleccionadas, en una roja flor de papel confeccionada por manos de tiempo, en nuestros alimentos, en una guitarra mestiza, en la rebeldía de un siku por la ciudad, en la caja y el bombo compañeros que recuerdan el latido de la tierra sobre el que vuela una copla, un canto en runasimi o un ronco sapucay en todas las lenguas que supieron hablar los hijos de la tierra, que hoy rebrotan como implacables konas, jóvenes guerreros en la ardua labor de ampliar la conciencia de que TODOS SOMOS PARTE. En esta alquimia cultural, instrumental y elemental, la entrega de una llave personal viene a revertir simbólicamente el saqueo de lo colectivo por lo propio. La llave contiene el metal, bronce que se funde en la creación contra el olvido y la desmemoria, contra la invisibilidad que pretende sostener la historia de los que se creen vencedores.
Los pueblos y su conocimiento ancestral están vivos en nuestra Abya Yala (continente americano) y quedaran fundidos en la figura de la mujer. En este gesto simple de dar una llave rompemos las cadenas del oprobio para dar paso a la creación colectiva en honor a la portadora de vida. Una llave, miles de llaves, un monumento contra el olvido y como denuncia del genocidio. Siempre es mejor volver a la raíces que a cualquier Roca.


Trabajo realizado en Buenos Aires, Argentina, entre Septiembre y Diciembre del 2012, con integrantes de nuestros pueblos originarios, en conjunción con el Monumento a la Mujer Originaria.