De mendigos a príncipes en un territorio que no los contiene

Santa Cruz de la Sierra - Altitud: 416 msnm

Santa Cruz de la Sierra – Altitud: 416 msnm

El camino siempre es infinito, une culturas. Atrás quedó Santa Cruz con su porte típicamente tercermundista, sus anhelos de Miami, sus narcotraficantes y vendedores de bazuco, seis anillos de viviendas cual infierno del Dante, donde se asentan los usuales marginados de este sangrante presente globalizado, las torres de cristal de una burguesía terrateniente malnacida (en un territorio que no los contiene) o los gerentes de segunda de las multinacionales, terriblemente incómodos por tener que habitar este país de salvajes e ignorantes, indios indomables, condiciones miserables de infraestructura o tecnología, políticos corruptos y burocracias interminables, una cultura popular que se pega al cuerpo afixiando como humedad de selva.
Bendecidos con los planes de fomento de la revolución del 52, exceptuados en la reforma agraria que transformó en minifundio el altiplano, los inmigrantes europeos de Santa Cruz sabrían aprovechar el papayazo y sentar la redes para defender su economía elitista. ¿Acaso no había sido el oro de las minas de Potosí el que había facilitado su revolución industrial? ¿Acaso no tenían el poder de dominar el mundo? Igual que en la conquista los piratas y ciudadanos de segunda del viejo continente llegarían se harían la américa por estas zonas transformándose de mendigos en príncipes.

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